Ansiedad y estrés

Funciono, pero no me siento bien

Funcionas, cumples y respondes a todo, pero tu cabeza nunca parece detenerse. Comprende cómo la Ansiedad puede relacionarse con el perfeccionismo, la rumiación y la dificultad para tolerar la incertidumbre.

Equipo de Neurohealth · Psiquiatría, psicología y neuropsicología · 15 de septiembre de 2026 · 4 min de lectura

Una mujer que funciona bien, pero no se siente bien.

Llega a tiempo a todo...

Entrega el informe el jueves aunque se lo pidieron para el viernes, contesta los mensajes del grupo familiar, se acuerda del cumpleaños de la suegra, hace ejercicio tres veces por semana y en la oficina dicen que es la persona más confiable del equipo. Nadie que la vea desde afuera sospecharía nada, y ella misma tarda meses en formular lo que le pasa, porque no tiene forma de queja: no está triste, no tiene ataques de pánico, no ha dejado de hacer nada. Solo que la cabeza no se apaga nunca, que el domingo por la tarde ya está repasando la semana que viene, que se despierta a las cuatro con una conversación de hace tres días dando vueltas, y que hace tiempo dejó de saber qué es descansar.

No parece una queja

Todo psicólogo o psiquiatra ha escuchado esta frase: sí, es verdad, funciono, pero no me siento bien. Quien la dice literalmente cumple con todo y vive con un agotamiento mental que no se le quita al dormir, porque viene de una “máquina de pensar” que trabaja a tiempo completo (incluso cuando parece dormido). En la literatura clínica no existe un diagnóstico llamado “ansiedad de alto funcionamiento”, y eso hay que aclararlo, pero sí existen los ingredientes que la componen: la rumiación, que es darle vueltas a un problema sin avanzar hacia ninguna solución, la autoexigencia, que convierte cada tarea en una prueba de valor personal, y la dificultad para tolerar la incertidumbre, que obliga a anticipar todo lo que podría salir mal para sentir que se tiene el control. Los tres se alimentan entre sí en un bucle interminable, pero también son susceptibles de trabajarse y mejorar.

Pensar mucho se confunde con resolver

La rumiación tiene un disfraz muy eficaz: parece trabajo. Repasar las reuniones que ya pasaron, ensayar las conversaciones venideras, revisar mentalmente si el mensaje que se envió sonó mal, todo eso se siente como responsabilidad, como estar encima de las cosas. La investigadora Susan Nolen-Hoeksema estudió durante décadas este estilo de pensamiento y encontró que las personas que rumian resuelven peor sus problemas, porque el pensamiento gira alrededor de las mismas dos o tres ideas sin producir ninguna acción nueva, y mientras tanto el ánimo baja y el sueño se sigue deteriorando. Distinguir cuándo se está pensando y cuándo se está rumiando es, muchas veces, la primera tarea concreta de la terapia, y se hace con registros sencillos: qué pensé, cuánto tiempo, a qué conclusión llegué; para sorpresa de nadie, la columna de las conclusiones suele quedar vacía.

La exigencia se aprendió en alguna parte

Un hombre que funciona bien, pero no se siente bien.

Nadie nace exigiéndose. Quien hoy no se permite un error suele haber sido, en su familia, el que no daba problemas, el que sacaba las notas, el que entendía las cosas sin que se las explicaran dos veces, y de ese lugar se recibe cariño, reconocimiento y, sin querer, se firma un contrato: te queremos así, no falles.

Un estudio de Thomas Curran y Andrew Hill que reunió a más de cuarenta mil universitarios entre 1989 y 2016 mostró que el perfeccionismo ha aumentado en cada generación desde entonces, sobre todo el que nace de sentir que los demás esperan demasiado de uno. Desde la mirada sistémica que en Neurohealth integramos con la terapia cognitivo-conductual, ese contrato tiene que ser revisado con cuidado, pero sin buscar culpables, de modo que la persona pueda darse cuenta de que muchas de sus reglas internas tienen fecha y lugar de origen, y que lo que se aprendió también puede aprenderse de otra manera.

Qué se trabaja

La psicoterapia individual para este perfil tiene objetivos que se pueden observar: reducir el tiempo de rumiación diaria, recuperar al menos una actividad que se hace por gusto y no por obligación, dejar una tarea imperfecta y comprobar que no pasa nada, decir que no una vez por semana. Se trabajan las creencias rígidas que están debajo de la exigencia, la relación con los propios pensamientos, para poder tenerlos sin obedecerlos, y la flexibilidad para tomar decisiones sin necesitar la certeza absoluta. Suele ser un tratamiento breve, porque la persona que funciona trae mucho a favor: disciplina, capacidad de observarse, constancia, la costumbre de cumplir con las tareas que se le asignan, incluidas las de la terapia. Solo que hasta ahora usó todo eso contra sí misma.

Lo que más sorprende a quienes hacen este trabajo es el orden en que llegan los cambios. Esperan aprender a rendir más sin cansarse, y lo primero que notan, unas semanas después, es que hacen un poco menos y se sienten bastante mejor, y que nadie a su alrededor se dio cuenta de la diferencia salvo ellos.

Equipo de Neurohealth

Psiquiatría, psicología y neuropsicología

Artículos escritos por el equipo de profesionales de Neurohealth, centro de salud mental en Santo Domingo.

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