Qué es

Una forma distinta de procesar el mundo

El trastorno del espectro autista (TEA) es una condición del neurodesarrollo que afecta la comunicación y la interacción social, y que se acompaña de intereses restringidos e intensos, conductas repetitivas, necesidad de rutina y una sensibilidad particular a los estímulos sensoriales. Se llama espectro porque se presenta con intensidades y perfiles muy distintos: hay personas que necesitan apoyo diario y considerable, y otras que viven de forma independiente y solo descubren su diagnóstico en la adultez.

Las señales suelen notarse en los primeros años, en cómo el niño mira, señala, juega y responde a su nombre. Muchas personas, sin embargo, sobre todo mujeres y personas con buena capacidad intelectual, aprenden a camuflar sus dificultades y llegan al diagnóstico de adultas, después de años de ansiedad, agotamiento social u otros diagnósticos que no terminaban de explicar lo que sentían.

El diagnóstico se hace con una evaluación clínica especializada, con entrevista, historia del desarrollo y observación estructurada con instrumentos estandarizados. En Neurohealth la realiza una psicóloga certificada en el diagnóstico del espectro autista, tanto en niños como en adultos.

Señales frecuentes

  • Te cuesta mantener conversaciones de ida y vuelta o saber qué decir en grupo.
  • Interpretas las cosas de forma literal y te cuesta leer gestos, tonos o dobles sentidos.
  • El contacto visual te resulta incómodo o tienes que hacerlo de forma consciente.
  • Tienes intereses muy específicos, restringidos e intensos.
  • Los cambios de rutina o los imprevistos te generan un malestar marcado.
  • Eres sensible a sonidos, luces, texturas u olores.
  • Haces movimientos repetitivos que te ayudan a regularte.
  • En niños: responde poco al nombre, no señala para compartir, juega de forma repetitiva, muestra poco interés en otros niños, el lenguaje se retrasa o tiene particularidades.

Tener varias de estas señales no confirma un diagnóstico: hay otras condiciones que se parecen, y por eso la evaluación es importante.

Según la edad y el sexo

Cómo varía según la edad y el sexo

El espectro se expresa distinto en cada etapa, y en las niñas y mujeres suele pasar desapercibido durante años.

Niñas, niños y adolescentes

Señales en la comunicación, la interacción y el juego desde los primeros años.

Ver Autismo (TEA) en niñas, niños y adolescentes →

Adultos

Relaciones sociales que agotan, sensación de estar actuando, dificultad con los cambios y con la ambigüedad en el trabajo, sensibilidad sensorial, intereses muy intensos. Muchos llegan a consulta por ansiedad, agotamiento laboral o porque un hijo recibió el diagnóstico.

En niñas y mujeres

El autismo suele verse menos porque con frecuencia imitan y camuflan mejor: hacen un esfuerzo enorme por encajar, sus intereses parecen "normales" (personas, animales, series) y las dificultades salen en casa, como agotamiento, ansiedad o crisis. Por eso suelen diagnosticarse más tarde y, en muchos casos, reciben antes otros diagnósticos.

Mitos

Tres ideas que atrasan el diagnóstico

"Si habla y es cariñoso, no es autista"

Muchas personas en el espectro hablan bien, son afectuosas y quieren tener amigos. El autismo tiene que ver con la manera en que se lee y se produce la comunicación social, y con cómo se procesan los estímulos, y eso puede convivir con el afecto y con un lenguaje fluido.

"Es mejor esperar a ver si madura"

Esperar suele retrasar los apoyos que más ayudan. Cuanto antes se evalúa, antes empiezan, y en los primeros años el cerebro responde con mayor plasticidad. Evaluar aclara, y si el resultado descarta el autismo, también sirve saberlo.

"Un adulto ya no gana nada con el diagnóstico"

Gana, ante todo, entenderse. Muchos adultos describen el diagnóstico como el momento en que dejaron de exigirse lo que no les sale de forma natural y empezaron a organizar su vida a favor de cómo funcionan. Además abre la puerta a apoyos concretos en el trabajo y en las relaciones.

Autoevaluación

¿Te preguntas si puedes estar en el espectro?

Responder el cuestionario toma pocos minutos y te ayuda a saber si conviene consultar y con quién. Es un primer paso; la evaluación la hace el profesional.

Preguntas frecuentes

Lo que nos preguntan antes de venir

¿A qué edad se puede evaluar?

Las señales pueden observarse desde los 18 meses y los instrumentos de evaluación se adaptan a edades muy tempranas. Si el pediatra, la escuela o tú notan algo, no hace falta esperar a una edad concreta: consulta y podemos orientarte.

¿En qué consiste la evaluación?

Combina la entrevista (con los padres o con la propia persona) y la historia del desarrollo con el ADOS-2, una observación estructurada con actividades y conversación adaptadas a la edad y al nivel de lenguaje que valora la comunicación, la interacción social y las conductas repetitivas, y con otras pruebas y baterías que caracterizan el funcionamiento cognitivo y adaptativo. Termina con un informe y una sesión de entrega y discusión de resultados.

¿El diagnóstico va a limitar a mi hijo en la escuela?

En general ocurre lo opuesto: el informe permite solicitar los apoyos y adaptaciones que necesita, y orienta a los maestros sobre cómo trabajar con él. Sin diagnóstico, las dificultades suelen leerse como mala conducta o falta de interés.

¿Un adulto puede evaluarse aunque no haya tenido un diagnóstico de niño?

Sí. La evaluación en adultos reconstruye la historia del desarrollo con la propia persona y, cuando es posible, con un familiar, y se apoya en una observación estructurada con instrumentos estandarizados para adultos. Muchas personas reciben su primer diagnóstico después de los 30 o los 40 años.