Qué es

Una forma distinta de comunicarse, jugar y procesar el mundo

El trastorno del espectro autista (TEA) es una condición del neurodesarrollo que afecta la comunicación y la interacción social, y que se acompaña de intereses restringidos e intensos, conductas repetitivas, necesidad de rutina y una sensibilidad particular a los estímulos sensoriales. Se llama espectro porque se presenta con intensidades y perfiles muy distintos: hay niños que necesitan apoyo diario y considerable, y otros con buen lenguaje y buena capacidad intelectual cuyas dificultades salen sobre todo en lo social.

En las niñas el autismo suele verse menos, porque con frecuencia imitan y camuflan mejor: hacen un esfuerzo enorme por encajar y las dificultades aparecen en casa, como agotamiento, ansiedad o crisis. Por eso suelen diagnosticarse más tarde y, en muchos casos, reciben antes otros diagnósticos. El autismo también coexiste con frecuencia con el TDAH (déficit de atención con o sin hiperactividad), con la ansiedad y con dificultades de aprendizaje.

El diagnóstico se hace con una evaluación clínica especializada: entrevista con los padres, historia del desarrollo y observación estructurada con instrumentos estandarizados, entre ellos el ADOS-2. En Neurohealth la realiza una psicóloga certificada en el diagnóstico del espectro autista, y a partir del informe se organizan la intervención, la orientación a la familia y la coordinación con la escuela.

Señales que suelen notar los padres

  • Le cuesta mirar a los ojos o mantener el contacto visual cuando le hablan.
  • No responde a su nombre de forma consistente, aunque oye bien.
  • Le cuesta señalar o mostrar cosas para compartir su interés.
  • Muestra poco interés en otros niños o le cuesta jugar con ellos.
  • Su lenguaje se retrasó, o lo usa de forma peculiar: repite frases, habla como un adulto, no conversa de ida y vuelta.
  • Juega de forma repetitiva (alinear, girar, ordenar) y poco de forma imaginativa.
  • Tiene intereses muy intensos y específicos que ocupan gran parte de su atención.
  • Se altera mucho con los cambios de rutina o con lo imprevisto.
  • Hace movimientos repetitivos: aleteo de manos, balanceo, caminar en puntas.
  • Reacciona de forma inusual a sonidos, luces, texturas, olores o al contacto físico.

Tener varias de estas señales no confirma un diagnóstico: hay otras condiciones que se parecen, y por eso la evaluación es importante.

Según la etapa

Cómo se ve en cada etapa

Primera infancia

Responde poco al nombre, no señala para mostrar, mira poco a los ojos, juega alineando o girando objetos, se altera con los cambios, el lenguaje se retrasa o es peculiar. Es la etapa en la que los apoyos tempranos suelen tener mayor efecto sobre el desarrollo.

Edad escolar y adolescencia

Dificultad para hacer amigos y entender las reglas sociales no escritas, intereses absorbentes, rigidez, ansiedad ante lo imprevisto, acoso escolar. En la adolescencia se suman el agotamiento por camuflar y, con frecuencia, ansiedad o depresión.

En niñas y mujeres

El autismo suele verse menos porque con frecuencia imitan y camuflan mejor: hacen un esfuerzo enorme por encajar, sus intereses parecen "normales" (personas, animales, series) y las dificultades salen en casa, como agotamiento, ansiedad o crisis. Por eso suelen diagnosticarse más tarde y, en muchos casos, reciben antes otros diagnósticos.

Mitos

Tres ideas que atrasan el diagnóstico

"Si habla y es cariñoso, no es autista"

Muchos niños en el espectro hablan bien, son afectuosos y quieren tener amigos. El autismo tiene que ver con la manera en que se lee y se produce la comunicación social, y con cómo se procesan los estímulos, y eso puede convivir con el afecto y con un lenguaje fluido.

"Es mejor esperar a ver si madura"

Esperar suele retrasar los apoyos que más ayudan. Cuanto antes se evalúa, antes empiezan, y en los primeros años el cerebro responde con mayor plasticidad. Evaluar aclara, y si el resultado descarta el autismo, también sirve saberlo.

"El diagnóstico lo va a limitar en la escuela"

En general ocurre lo opuesto: el informe permite solicitar los apoyos y adaptaciones que necesita, y orienta a los maestros sobre cómo trabajar con él. Sin diagnóstico, las dificultades suelen leerse como mala conducta o falta de interés.

Cómo lo abordamos

Evaluar, intervenir y acompañar a la familia

La evaluación especializada es el punto de partida. A partir de ahí, la terapia infantil orientada al autismo trabaja la comunicación, la interacción y la regulación, con orientación a los padres y coordinación con la escuela; la psiquiatría infantil trata la ansiedad, el insomnio o la irritabilidad que a veces acompañan; y la toxicología asesora a las familias que quieren explorar factores ambientales.

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Autoevaluación

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Preguntas frecuentes

Lo que nos preguntan antes de venir

¿A qué edad se puede evaluar?

Las señales pueden observarse desde los 18 meses y los instrumentos de evaluación se adaptan a edades muy tempranas. Si el pediatra, la escuela o tú notan algo, no hace falta esperar a una edad concreta: consulta y podemos orientarte.

¿En qué consiste la evaluación?

Combina la entrevista con los padres y la historia del desarrollo con el ADOS-2, una observación estructurada con actividades y juego adaptados a la edad y al nivel de lenguaje, y con otras pruebas que caracterizan el funcionamiento cognitivo y adaptativo. Termina con un informe y una sesión de entrega y discusión de resultados.

¿Qué pasa si el resultado descarta el autismo?

También es útil. La evaluación describe qué explica las dificultades que notaron, por ejemplo un retraso del lenguaje, un TDAH o ansiedad, y orienta los apoyos que corresponden.

¿Cómo participan los padres en la intervención?

De forma central. En la terapia se orienta a la familia sobre cómo favorecer la comunicación y la regulación en casa, y con autorización de los padres se coordina con la escuela para que los apoyos vayan en la misma dirección.