Qué es

Una conducta que se repite y desborda a la familia

Hablamos de problemas de conducta cuando un niño o un adolescente presenta, de forma repetida y durante meses, rabietas intensas más allá de la edad en que suelen ocurrir, desafío a las normas y a los adultos, agresividad hacia otros o hacia objetos, mentiras frecuentes o una irritabilidad que hace difícil la convivencia. Cuando este patrón es marcado y afecta la vida en casa, en el colegio o con los amigos, puede corresponder a un trastorno negativista desafiante u otro trastorno de la conducta.

Muchas de estas conductas son parte del desarrollo. Las rabietas entre los dos y los cuatro años, el no como respuesta a todo, la rebeldía de la adolescencia, son maneras esperables de ganar autonomía. La diferencia con un problema está en la intensidad, en la frecuencia, en que persista más allá de la etapa que le corresponde y en el daño que causa en las relaciones y en el aprendizaje.

La conducta pocas veces es el problema de fondo por sí sola; con frecuencia hay algo detrás que conviene evaluar: un TDAH (déficit de atención con o sin hiperactividad) que impide frenar el impulso, una ansiedad que se expresa como irritabilidad, una dificultad de aprendizaje que convierte el colegio en un lugar hostil, cambios familiares como una separación o una mudanza, o un TEA (autismo) que hace que los imprevistos se vivan como una amenaza. Tratar la conducta sin mirar esas causas suele dar resultados breves.

Señales que suelen preocupar a los padres

  • Tiene rabietas largas e intensas que ya no corresponden a su edad, y le cuesta mucho calmarse después.
  • Discute cada norma, desafía a los adultos y parece buscar el enfrentamiento.
  • Pega, rompe cosas o amenaza cuando se frustra.
  • Miente con frecuencia, incluso cuando no hace falta.
  • Culpa a los demás de sus errores y le cuesta reconocer su parte.
  • Se muestra irritable o resentido gran parte del día.
  • El colegio llama con frecuencia por su comportamiento.
  • La convivencia en casa se organiza alrededor de evitar el próximo conflicto.

Tener varias de estas señales no confirma un diagnóstico: hay otras condiciones que se parecen, y por eso la evaluación es importante.

Según la edad

Cómo se ven según la etapa

La misma dificultad para regularse cambia de forma con la edad, y en cada etapa hay que separar lo esperable de lo que conviene atender.

Preescolar (2 a 5 años)

Las rabietas son esperables, pero preocupan cuando duran mucho, ocurren varias veces al día, incluyen agresión hacia otros niños o adultos, o el niño no logra calmarse ni con ayuda. También llaman la atención la dificultad extrema con los cambios y las transiciones, y el rechazo sistemático a cualquier indicación.

Edad escolar (6 a 12 años)

Desafío a maestros y padres, peleas frecuentes, mentiras, dificultad para aceptar un no o perder en un juego, expulsiones del aula o quejas repetidas del colegio. Es la etapa en la que con más frecuencia aparece detrás un TDAH, una dificultad de aprendizaje o una ansiedad que nadie había identificado.

Adolescencia

Enfrentamientos intensos con la familia, incumplimiento de normas y horarios, aislamiento o cambio brusco de amistades, bajo rendimiento, y en algunos casos conductas de riesgo como el consumo de alcohol u otras sustancias o salidas sin aviso. Parte de la rebeldía es propia de la edad; cuando se acompaña de consumo, de riesgo para sí mismo o para otros, o de un cambio marcado en el estado de ánimo, conviene consultar pronto.

Mitos

Tres ideas que atrasan la consulta

"Es malcriado"

La crianza influye, aunque pocas veces explica por sí sola un problema de conducta. Muchos niños con dificultades para regularse tienen hermanos criados igual que se comportan de manera distinta. Con frecuencia lo que hay es un niño al que le cuesta más frenar el impulso o tolerar la frustración, y unos padres que necesitan herramientas distintas a las que sirvieron con los demás.

"Necesita mano dura"

Endurecer los castigos suele intensificar el enfrentamiento y deteriorar la relación, que es justamente lo que el niño más necesita para aprender a regularse. Los límites claros y consistentes son parte del tratamiento, pero funcionan mejor cuando van acompañados de una relación cálida y de una comprensión de lo que dispara la conducta.

"Se le pasará"

Algunas conductas se resuelven con la maduración. Pero cuando el patrón dura meses, empeora o ya afecta el colegio y las amistades, esperar suele significar que el niño acumule etiquetas y conflictos que después cuestan más de revertir. Consultar temprano permite intervenir mientras las dinámicas todavía son fáciles de cambiar.

Cómo lo abordamos

Trabajar con el niño y con la familia

En Neurohealth los problemas de conducta se abordan en equipo. La primera consulta orienta sobre qué hay detrás y por dónde conviene empezar, y a partir de ahí se combina la terapia con el niño o el adolescente, la orientación a los padres, la evaluación de las condiciones asociadas y, cuando hace falta, la psiquiatría infantil.

Autoevaluación

¿Te preocupa la conducta de tu hijo?

Responder el cuestionario toma pocos minutos y te ayuda a saber si conviene consultar y con quién. Es un primer paso; la evaluación la hace el profesional.

Preguntas frecuentes

Lo que nos preguntan antes de venir

¿Es normal a esta edad?

Depende de la edad y de la intensidad. Las rabietas en preescolar y la rebeldía en la adolescencia forman parte del desarrollo. Conviene consultar cuando la conducta es mucho más intensa o frecuente que la de otros niños de su edad, cuando dura meses sin mejorar, o cuando ya afecta la vida en casa, en el colegio o con los amigos. Si tienes la duda, la primera consulta sirve precisamente para aclararla.

¿Tengo que venir yo o mi hijo?

En la primera consulta suelen venir los padres, con o sin el niño según la edad, para contar la historia con calma. Después el terapeuta decide cómo organizar las sesiones: con el niño, con los padres, o alternando, según lo que el caso requiere.

¿Los padres participan en el tratamiento?

Sí, y esa participación es una de las partes que más influye en el resultado. Los padres aprenden a leer lo que dispara la conducta, a poner límites de una manera que el niño pueda cumplir y a responder a las explosiones sin escalar. En muchos casos, los cambios en casa son los que más rápido se notan.

¿Cuándo hace falta psiquiatría?

Cuando detrás de la conducta hay un TDAH, una ansiedad o una alteración del ánimo que la terapia sola no logra reducir, o cuando la intensidad de las explosiones pone en riesgo al niño o a los demás. La decisión se toma después de la evaluación, junto con los padres, y el tratamiento farmacológico, si se indica, se combina con la terapia. Si dudas sobre por dónde empezar: ¿psiquiatra o psicólogo?

¿Qué pasa con las notas del colegio?

Con frecuencia mejoran cuando mejora la conducta, porque el niño pasa menos tiempo en conflicto y más tiempo aprendiendo. Si además hay una dificultad de aprendizaje o un TDAH, se evalúan y se tratan por separado. Con autorización de los padres, el terapeuta puede coordinarse con el colegio para que las estrategias de casa y del aula vayan en la misma dirección.