Qué es

Patrones rígidos que se repiten

La personalidad es la manera relativamente estable de sentir, pensar y relacionarse con los demás. En los trastornos de personalidad esos patrones son inflexibles, aparecen en la adolescencia o al inicio de la adultez, se manifiestan en el trabajo, la pareja, la familia y las amistades, y producen malestar o deterioro. La persona suele sentir que le pasa lo mismo con la gente una y otra vez, sin entender por qué.

Los manuales diagnósticos describen varios tipos, y conviene conocer sus nombres porque son los que aparecen en los informes: el trastorno de la personalidad límite (el "borderline"), con emociones intensas y cambiantes, miedo al abandono, relaciones inestables e impulsividad; el paranoide (la desconfianza y la sospecha como manera habitual de leer a los demás); el narcisista (la necesidad de admiración y la poca tolerancia a la crítica); el evitativo (la retirada del contacto por miedo al juicio, a pesar de desear vínculos); el dependiente (la dificultad para decidir y funcionar sin apoyarse en alguien); el obsesivo-compulsivo de la personalidad (el perfeccionismo y la rigidez, distinto del TOC); y también el esquizoide, el esquizotípico, el histriónico y el antisocial. La mayoría de las personas combina rasgos de varios.

Algunos manuales han cambiado la forma de concebir estos trastornos. La Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11) de la Organización Mundial de la Salud dejó atrás los tipos y describe un solo diagnóstico, trastorno de la personalidad, que se gradúa por su magnitud (leve, moderado o severo) según cuánto afecta a la persona y a sus relaciones, y se completa con los rasgos que predominan (afectividad negativa, desapego, disocialidad, desinhibición o anancastia) y, cuando corresponde, con el patrón límite. El DSM-5 conserva los tipos, aunque incluye un modelo alternativo en la misma dirección. En la práctica, esto significa que el informe describe qué rasgos están presentes, con qué intensidad y cuánto interfieren, y esa descripción es la que orienta el tratamiento.

El diagnóstico requiere una evaluación cuidadosa, con entrevista y pruebas estandarizadas, porque los síntomas se parecen a los de la depresión, la ansiedad, el trastorno bipolar o el TDAH (déficit de atención con o sin hiperactividad), y con frecuencia coexisten con ellos. El tratamiento principal es la psicoterapia, prolongada y estructurada, y la medicación se dirige a los síntomas asociados.

Señales frecuentes

  • Conflictos repetidos en el trabajo, la pareja o la familia desde hace años, y la sensación de que siempre termina pasando lo mismo.
  • Relaciones intensas e inestables: idealizas a alguien y poco después te sientes decepcionado.
  • Emociones que cambian con rapidez y que cuesta calmar, o al contrario, dificultad para sentir y expresar lo que sientes.
  • Miedo intenso a que te abandonen o te rechacen.
  • Impulsividad que te perjudica: gastos, consumo, discusiones, decisiones bruscas.
  • Sensación de vacío o de no saber quién eres.
  • Desconfianza y rencor, dificultad para perdonar, sensación de que los demás quieren aprovecharse de ti.
  • Necesidad de admiración y mucha sensibilidad a la crítica.
  • Evitas relacionarte por miedo al ridículo o al juicio, aunque quieras tener vínculos.
  • Te cuesta decidir o llevar tu vida sin apoyarte en alguien, y toleras mal estar solo.
  • Perfeccionismo y rigidez que te impiden terminar, delegar o disfrutar.
  • Depresiones o ansiedad que no terminan de mejorar con los tratamientos habituales.

Tener varias de estas señales no confirma un diagnóstico: hay otras condiciones que se parecen, y por eso la evaluación es importante.

Según la edad y el sexo

Cómo varía según la edad y el sexo

El diagnóstico formal se hace en la adultez, aunque las señales empiezan antes y cambian con el tiempo.

Adolescentes

Inestabilidad emocional, autolesiones, relaciones intensas, conductas de riesgo, sensación de vacío. A esta edad hablamos de rasgos en formación, porque la personalidad todavía se está organizando, y la intervención temprana, con psicoterapia y trabajo familiar, suele cambiar el curso.

Adultos jóvenes y de mediana edad

Es la etapa en que más se consulta: rupturas repetidas, problemas laborales por conflictos, depresiones o ansiedad que no terminan de mejorar con los tratamientos habituales, consumo. La evaluación de la personalidad ayuda a aclarar qué hay detrás de esa repetición.

Adultos mayores

Los rasgos impulsivos suelen atenuarse con la edad, mientras que los de desconfianza, rigidez o dependencia pueden acentuarse con las pérdidas y la soledad, y complican el cuidado de otras enfermedades. Conviene distinguirlos de los cambios de personalidad por deterioro cognitivo.

Sesgos de diagnóstico

El trastorno límite se diagnostica más en mujeres y el antisocial más en hombres, y una parte de esa diferencia parece deberse a sesgos: en los hombres la misma inestabilidad emocional tiende a leerse como agresividad o consumo, y en las mujeres la impulsividad, como "drama". Una evaluación con pruebas estandarizadas ayuda a reducir ese sesgo.

Mitos

Tres ideas que atrasan la consulta

"La personalidad no se cambia"

Los patrones aprendidos a lo largo de años necesitan tiempo para modificarse, y se modifican. Las psicoterapias estructuradas para trastornos de personalidad cuentan con evidencia de ello: menos crisis, relaciones más estables, mayor capacidad para regular las emociones.

"Es una etiqueta que estigmatiza"

Un diagnóstico bien hecho funciona como un mapa: permite dejar de culparse por "ser así" y empezar a trabajar sobre algo concreto. Lo que suele estigmatizar es el uso descuidado del término en la conversación cotidiana, y una evaluación cuidadosa busca justo lo contrario.

"Lo hace para manipular"

Las conductas que desde fuera parecen manipulación, como amenazas, exigencias o cambios bruscos, con frecuencia son intentos de manejar emociones que la persona no sabe regular de otra manera, aunque cada caso requiere entenderse por separado. Verlo así suele permitir ayudar en lugar de castigar.

Cómo lo abordamos

Evaluar con pruebas, tratar con psicoterapia

Una evaluación que precise el diagnóstico y descarte otras condiciones abre el camino, y después viene una psicoterapia estructurada, con psiquiatría para los síntomas asociados cuando hace falta. La familia y la pareja suelen formar parte del proceso.

¿Buscas información sobre el trastorno límite (borderline)? Ver trastorno límite de la personalidad →
Si hay autolesiones o ideas de muerte, no esperes a la cita: llama al 911 o a la línea 811, o acude a la emergencia más cercana. Ver hospitales y líneas →
Autoevaluación

¿Sientes que te pasa lo mismo con la gente una y otra vez?

Responder el cuestionario toma pocos minutos y te ayuda a saber si conviene consultar y con quién. Es un primer paso; la evaluación la hace el profesional.

Preguntas frecuentes

Lo que nos preguntan antes de venir

¿Qué significa que el trastorno sea leve, moderado o severo?

Es la manera en que la CIE-11 gradúa el diagnóstico. Leve: los rasgos causan problemas en algunas áreas de la vida, sin daño importante para la persona ni para otros. Moderado: afectan a varias áreas, las relaciones se resienten de forma clara y hay episodios de crisis. Severo: la mayoría de las áreas están comprometidas, con riesgo para la persona o para otros y con frecuencia con autolesiones o pérdida del trabajo y de los vínculos. La magnitud orienta la intensidad del tratamiento y se revisa con el tiempo, porque cambia.

¿Me van a poner una etiqueta de por vida?

El diagnóstico describe cómo funcionas hoy, y muchas personas dejan de cumplir los criterios después de un tratamiento adecuado. El informe de evaluación es confidencial y solo se entrega a terceros con tu autorización.

¿Cuánto dura la psicoterapia?

Suele ser un proceso más largo que en otras condiciones, con frecuencia de uno a dos años de trabajo regular. Los cambios se notan antes, menos crisis, mejores relaciones, pero consolidar nuevas maneras de sentir y de relacionarse lleva tiempo.

¿Puedo tener un trastorno de personalidad y otra cosa a la vez?

Es frecuente. Depresión, ansiedad, TDAH, trastorno bipolar o consumo de sustancias coexisten a menudo con los trastornos de personalidad, y por eso es importante la evaluación completa: tratar una sola parte suele dejar el cuadro a medias. Si dudas por dónde empezar, aquí explicamos la diferencia: ¿psiquiatra o psicólogo?

¿Mi pareja o mi familia pueden participar?

Sí, y muchas veces conviene. Las personas cercanas aprenden a responder de otra manera a las crisis y a los conflictos, y eso alivia a todos.