Qué es

Una alarma que se activa sin peligro a la vista

La ansiedad es el sistema de alarma del cuerpo: acelera el corazón, tensa los músculos y agudiza la atención para responder a una amenaza. En los trastornos de ansiedad esa alarma se activa sin un peligro proporcional, o tarda demasiado en apagarse. La persona suele saber que la preocupación es excesiva, y aun así le cuesta frenarla.

Hay varias formas. La ansiedad generalizada es la preocupación casi diaria por muchas cosas a la vez. El trastorno de pánico consiste en crisis repentinas de miedo intenso, con síntomas físicos que se parecen a los de un infarto. Las fobias son miedos desproporcionados a algo concreto: volar, los espacios cerrados, las inyecciones, hablar en público, los animales. La ansiedad social es el miedo a ser juzgado. Todas comparten un mecanismo: la evitación alivia en el momento y, con el tiempo, alimenta el miedo.

Los trastornos de ansiedad están entre los que mejor responden a la psicoterapia, en particular a la terapia cognitivo-conductual, y cuando hace falta, la medicación se suma al plan.

Señales frecuentes

  • Te preocupas de una forma difícil de controlar, y la preocupación salta de un tema a otro.
  • Sientes tensión, inquietud o irritabilidad casi todos los días.
  • Notas palpitaciones, sudor, temblor, opresión en el pecho o falta de aire sin otra causa médica aparente.
  • Tienes crisis de miedo intenso que alcanzan su punto máximo en minutos.
  • Evitas lugares, situaciones o personas por la ansiedad que te producen.
  • Te cuesta concentrarte o dormir por la preocupación.
  • Sientes que algo malo está a punto de pasar.
  • Vuelves una y otra vez al médico por síntomas físicos que no encuentran explicación.

Tener varias de estas señales no confirma un diagnóstico: hay otras condiciones que se parecen, y por eso la evaluación es importante.

Según la edad

Cómo varía según la edad

La ansiedad se presenta de manera distinta en cada etapa de la vida. Reconocerla en cada una puede ahorrar años de consultas que no dan con el problema.

Niñas, niños y adolescentes

Miedos, preocupación excesiva, quejas físicas y evitación de la escuela.

Ver ansiedad en niñas, niños y adolescentes →

Adultos

Preocupación casi diaria, insomnio, tensión muscular, crisis de pánico, evitación de situaciones concretas. Con frecuencia se acompaña de agotamiento y de síntomas depresivos, después de meses o años de vivir en alerta.

Adultos mayores

Preocupación por la salud y por la familia, miedo a caerse, síntomas físicos que, erróneamente, se asocian a la edad, dificultad para dormir. Puede confundirse con otros problemas médicos o con el inicio de un deterioro cognitivo, y en algunos casos coexisten.

Mitos

Tres ideas que atrasan la consulta

"Es cuestión de calmarse"

Si bastara con proponérselo, pocas personas tendrían ansiedad. La respuesta de alarma no suele apagarse solo con quererlo; se aprende a regularla con técnicas concretas y, en algunos casos, con apoyo médico. Decirle a alguien que se calme suele aumentar la ansiedad en lugar de bajarla.

"Las crisis de pánico son peligrosas"

Una crisis de pánico se siente como un infarto, y sin embargo, una vez descartadas otras causas médicas, la crisis en sí misma no suele dañar el corazón ni el cuerpo: es la alarma disparándose sin peligro a la vista. Entenderlo forma parte del tratamiento, porque el miedo a la próxima crisis suele ser lo que las multiplica.

"Si tomo medicación es porque no pude solo"

La medicación cumple una función concreta: calma el sistema nervioso central y baja el volumen de la alarma para que el trabajo terapéutico sea posible. No reemplaza a la psicoterapia ni dice nada sobre la capacidad de la persona. Muchas personas la usan por un tiempo y la retiran con su psiquiatra cuando ya no la necesitan.

Autoevaluación

¿Sospechas que la ansiedad te está pasando factura?

Responder el cuestionario toma pocos minutos y te ayuda a saber si conviene consultar y con quién. Es un primer paso; la evaluación la hace el profesional.

Preguntas frecuentes

Lo que nos preguntan antes de venir

¿Cómo sé si necesito psicólogo o psiquiatra?

Cualquiera de los dos es una buena puerta de entrada: la primera consulta, con psiquiatría o con psicología, orienta por dónde conviene seguir, y ambos profesionales trabajan en paralelo cuando hace falta. Como orientación general: si los síntomas son intensos, aparecen casi todos los días e interfieren con dormir, trabajar o relacionarte, conviene empezar por el psiquiatra; si son más leves o intermitentes, la psicología suele ser el punto de partida. Aquí explicamos la diferencia: ¿psiquiatra o psicólogo?. Si sigues con dudas, escríbenos y coordinamos la cita.

¿Cuánto dura el tratamiento?

Depende del tipo de ansiedad y del tiempo que lleva. Las fobias específicas suelen resolverse en pocas sesiones de exposición; la ansiedad generalizada o el pánico requieren, en general, un proceso más largo. Tu profesional te da una estimación después de la valoración inicial.

¿Tengo que dejar de tomar café o hacer ejercicio?

Reducir la cafeína y el alcohol suele ayudar, porque los dos activan la alarma. El ejercicio regular ayuda a regular la ansiedad en muchas personas. Nada de esto sustituye por sí solo el tratamiento, aunque lo acompaña bien.

¿Las crisis de pánico pueden volver después del tratamiento?

Pueden aparecer episodios aislados en momentos de mucho estrés. La diferencia es que, después del tratamiento, sabes qué está pasando y cómo manejarlo, y es menos probable que las crisis vuelvan a desorganizar tu vida.